“La Primaria ha dicho basta. Es una cuestión ética.”

Miguel Lázaro Ferreruela

Presidente del Sindicato Médico de Baleares

 

 

Reconozcamos que los médicos son muy reacios a las huelgas por su profesionalismo, responsabilidad cívica y compromiso ético que tiene con sus pacientes, a los que conocen por su nombre y apellidos. Esto es muy positivo, pero tiene alguna contrapartida que es que como la Administración lo sabe, los aprieta y los maltrata con mucha frecuencia. Ningunear y maltratar al médico es maltratar a los pacientes o como la secta gerencial dice a los usuarios de la sanidad pública. La metáfora de comparar la administración sanitaria con el dios mitológico Cronos, viene como anillo al dedo, ya que ambos devoran a sus hijos. Solo así se puede entender que los tengan interinos más de 9 o 10 años, que toleren que sus médicos tengan más de 1.300 tarjetas sanitarias, que la visita a los pacientes sean 5 o 6 minutos, que haya lista de espera prolongados, que se sobrecarguen con el doble de trabajo por la falta de sustitutos, que haya una ratio de médicos/ población muy elevada etc.

Es una tomadura de pelo llamarla Primaria, ya que este momento es terciaria o cuaternaria. No por su importancia y por su excelencia sino por cómo es maltratada por la Administración. Este escenario es global en toda España. Pero es en Andalucía y en Cataluña, donde han pasado a la acción. No pueden más, lo hacen por sus pacientes. No piden más retribuciones exigen que su práctica médica esté impregnada y preñada de los cuatro principios claves en la bioética: no maleficencia, beneficencia, autonomía, y justicia social. ¿Cómo se puede utilizar el método deliberativo y la decisión compartida, en 5 o 6 minutejos? Es esto lo que está en juego. Cuando uno lee sus reivindicaciones, está claro que defienden una medicina que humanice al paciente a través de una relación médico-paciente digna y empática. Y esto es lo que, por compromiso ético con nuestros pacientes debemos priorizar. El sistema coloca al médico y al paciente en situación de permanente conflicto. No cabe el nihilismo y la equidistancia en este tema y esto lo han entendido muy bien nuestros colegas andaluces y catalanes. Por otra parte, uno se sorprende de la pasividad y la neutralidad de todas las sociedades científicas de la primaria ante la situación actual.  Uno esperaba más proactividad y beligerancia ante este tema. Yo no conozco ningún comunicado de ninguna sociedad científica apoyando las reivindicaciones de los colegas andaluces y catalanes en huelga. Si lo ha habido pido disculpas. Está claro que su reino no es de este mundo y tienen otros intereses. Para que sirven los protocolos si no tienes tiempo de una mínima escucha y tienes 50 pacientes que ver. En la pirámide de Maslow primero se satisfacen las necesidades básicas y después las otras y está claro, que las necesidades básicas en Atención Primaria (ahora cuaternaria), son un mínimo tiempo y un número racional de pacientes atender. Nuestra misión no es saber protocolos y no estar tratar enfermos sino personas. Sobra impostura y falta compasión. La formación médica continuada es un deber ético, un derecho y una responsabilidad de todos los médicos a lo largo de su vida profesional. Eso es lo que hacen los médicos a lo largo de su trayectoria, pero de que le sirve, en el contexto actual que les obliga a asumir con demasiada frecuencia conflictos de valores.  También la organización sanitaria tiene que tener estándares éticos, es necesario, una ética inclusiva que tiene que considera distintos aspectos: una ética clínica, es decir, una ética del cuidado del paciente; una ética de la gestión y la organización como empresa y, una ética profesional, es decir, una ética de las profesiones sanitarias. Esta vez ojalá vaya en serio. La Primaria necesita una gran trasformación.

Ya saben en derrota transitoria pero nunca en doma.

 

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