“Las agresiones a sanitarios, un problema sin calado político”

María José Campillo

Secretaria de Finanzas y Servicios de CESM

La opinión de María José Campillo

María José Campillo
La opinión de María José Campillo frente a las agresiones a sanitarios.

Nos contaba hace unos cuantos siglos Esopo en la antigua Grecia una bella fábula que hablaba de un lobo y un cordero. Vio el lobo al cordero paciendo tranquilamente y decidió que quería comérselo, con un pretexto. Primero lo acusó de no parar de revolverle el agua, y el cordero le recordó al lobo que éste vivía río arriba, por lo que no era posible. El lobo le acusó entonces de insultar a sus padres un año antes, a lo que el cordero le recordó que al tener menos de un año por aquel entonces no había nacido. El lobo le dijo en ese momento que aunque el cordero tenía muchos pretextos no dejaría de comérselo. Esta bella fábula nos recuerda que cuando alguien quiere dañarnos no se va a detener a pesar de nuestros argumentos y de que el hecho sea justo o no.

Esto por desgracia es más habitual de lo que parece. Hace unos años, aún hay compañeros que recuerdan que cuando era llamado un médico a un domicilio, era recibido con todo en perfecto orden, la gente bien vestida, aseada, y se le trataba con gran respeto.

La sociedad ha evolucionado mucho en estos años, y aun cuando la profesión médica sigue siendo una de las mejor valoradas por la población, asistimos a una lacra que parece imparable y que aumenta día a día, que son las agresiones a sanitarios.

Si buscamos el origen de estas agresiones, nos podemos encontrar como ocurre con la fábula del cordero y del lobo, y es que todo vale de pretexto para agredir a un sanitario.

Hablan de las listas de espera, pero ¿quién gestiona las listas de espera? Desde luego los profesionales no son los que deciden qué plantillas y de qué medios disponen para gestionarlas.

Hablan de las demoras en Urgencias y en las consultas, y si algo es evidente para cualquiera que se acerque a la sanidad pública es la masificación que padece, y que los profesionales no dan abasto para atender a los pacientes que van llegando.

Hablan de negligencias, pero se tiende a culpar de cualquier muerte que se produzca a los médicos que lo han atendido, porque para muchos si el resultado es muerte solo puede ser por una negligencia, sin aceptar que por muchos avances que tenga la Medicina, todavía no hemos conseguido la inmortalidad de los seres humanos, y que la muerte sigue siendo la evolución natural de muchas enfermedades.

Hace poco hemos asistido en Murcia a cómo una familia rompía mobiliario en el Hospital de la Arrixaca y agredía al cirujano y al equipo porque el resultado de una operación había sido el fallecimiento de la operada. Por supuesto se esgrime y se justifica todo esto hablando de negligencia, sin saber si los procedimientos o los protocolos se han seguido siquiera, pero la denuncia por negligencia es fácil. Dice el refrán que ‘difama que algo queda’. Si luego el juez dice que no hubo tal negligencia, el daño ante la sociedad está hecho y encima se usa para justificar una agresión.

Podemos seguir desgranando las causas que se aducen para agredir a los sanitarios, pero como en la fábula que hemos contado, el que te quiere dañar usará cualquier pretexto.

Si nos paramos a analizar las verdaderas causas de las agresiones, vemos que son otras muy distintas.

La sanidad es universal en España, algo que es maravilloso, sin duda, pero que implica también atender a gente cuya forma de vida por elección, por cultura o quizás por falta de medios económicos, son violentos. Violencia que se muestra en las distintas áreas de su vida, porque es su manera de interactuar con el medio. Violencia que también se manifiesta cuando acuden al medio sanitario. Hay quien piensa que por medio del miedo, de la agresión, de la amenaza o del insulto conseguirá una mayor atención y de más calidad.

Es curioso que cuando en la sociedad todos los centros de la Administración tienen medios para defenderse de este tipo de violencia, en Sanidad se sigue con la política de puertas abiertas, sin ningún tipo de control ni de defensa.

Hace poco se planteaba que los usuarios de la sanidad que hubieran cometido una agresión deberían de verlo reflejado en su historia clínica, y fue rechazada la propuesta. Todos conocemos lo que es el RAI financiero, que es el registro de acciones impagadas y se aplica a empresas, con el que los bancos saben el riesgo que tienen con una empresa antes de una acción crediticia. Existe otro registro, el ASNEF, que afecta a personas y no empresas, y que igualmente no deja de ser una lista de morosos. Ergo decir que si dejas de pagar un recibo todo el mundo tiene derecho a saberlo para no darte más crédito, pero si agredes a un sanitario, ¿los demás sanitarios no tienen derecho a saberlo y poder tomar medidas de prevención, como no atenderlo sin estar acompañado?

Hay otros casos de violencia sanitaria donde la causa de origen es la propia enfermedad del paciente, pacientes con enfermedades mentales que son agresivos  y/o violentos. En otros casos es la ideología la que subyace en la causa de origen de la agresión. Vemos casos de xenofobia con compañeros nacidos fuera de nuestras fronteras, vemos casos de machismo, con un mayor número de agresiones en sanitarias respecto a sanitarios.

Y nos queda una causa que es quizás una de las más importantes. Se enseña a la población que tienen derecho a todo, y que no tienen obligación de nada. Los políticos pueden prometer y prometen de todo durante las campañas electorales para conseguir votos, y son presos de estos mismos votos, aunque los olviden durante años, pero jamás toman acciones que no sean populares y que les puedan hacer perder votos.

Agresiones como la de este año en El Garrobo, donde una doctora fue retenida contra su voluntad por un pueblo con su alcalde a la cabeza, porque el pueblo tiene derecho a tener un médico y el médico sin embargo no tiene derecho a descansar tras 24 horas -y a no ser retenida contra su voluntad, por lo visto-. Agresiones incluso por temas lingüísticos, donde la población agresora exige ser atendida en una lengua, sin pensar siquiera que cuando no hay médicos, lo más importante es cubrir la asistencia y que tengas quien te vea cuando estás enfermo, no en la lengua en la que te habla.

Debe ser que los votos de los sanitarios valen menos, o que entre las muchas campañas que hace el Ministerio de Sanidad no han tenido tiempo de sacar una contra agresiones a sanitarios. Debe ser que no sale rentable -políticamente hablando- que se recuerde a la población que tiene obligaciones además de derechos. Debe ser que los presupuestos de Sanidad no dan para más… Lo cierto es que ningún político -o casi ninguno-, ningún ministro de Sanidad y ningún consejero -o casi ninguno- toma como prioridad que los sanitarios trabajen seguros, que haya presupuestos para acabar con esta lacra, o como mínimo que deje de aumentar, y que aunque sean poco populares las medidas coercitivas son necesarias a veces, ya que por ser sanitarios no hemos renunciado a nuestros derechos fundamentales.

Cualquier empresa donde un trabajador que ha sufrido un accidente laboral -llámese así a las lesiones corporales que ha sufrido un trabajador por cuenta ajena durante el tiempo de trabajo- es investigada, y se le obliga a tomar las medidas necesarias para que este tipo de accidentes no vuelvan a ocurrir. En los servicios de salud los profesionales sufren lesiones corporales por no tomar las medidas necesarias para garantizar su seguridad, y no se les investiga ni se les sanciona por ello. Es más, como mínimo tendría que ser la empresa, en este caso Administración, la que denunciara unos hechos como las agresiones a su personal que tienen además la consideración de delito, y sin embargo la Administración no solo no los denuncia -si no lo hace el afectado no lo hace nadie-, sino que en muchas ocasiones se inhibe, e intenta que el trabajador no siga mucho más allá, o incluso se posiciona en contra del trabajador, quizás por lo que hemos hablado de que las medidas coercitivas no son rentables políticamente hablando y las medidas impopulares restan votos.

Lo que está claro es que los profesionales no podemos seguir trabajando en este clima de violencia sanitaria, y que si no se nos da remedio, tenemos dos opciones; buscar otras opciones más seguras, léase trabajar en otros países y aumentar la escasez de médicos, o bien movilizarnos. Porque señores políticos: hasta los corderos crecen, y llega un momento en que no se dejan comer.

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