Melilla alerta de que la situación por COVID está fuera de control y plantea medidas inmediatas

Alcanzan una incidencia acumulada de 185 nuevos casos semanales/100.000 habitantes, tasa claramente superior a la media española

Desde el Sindicato Médico de Melilla han emitido un comunicado en el que explican que la situación en la ciudad autónoma, en lo que respecta a la transmisión comunitaria del SARS-CoV-2 o COVID-19, hace ya muchos días que está fuera de control. Apelar a la responsabilidad de los ciudadanos, como principal arma para luchar contra la enfermedad, es sinónimo de fracaso, no porque no haya ciudadanos responsables, sino porque el porcentaje de los que no son, es lo suficientemente importante, como para que el sistema sanitario melillense colapse si no se actúa de forma decidida y precoz.

Basta pasear por cualquier espacio público de nuestra ciudad para constatar que la nueva normalidad, para un sector de la población, es sorprendentemente similar a la normalidad pre-COVID. Es muy frecuente observar cómo grupos de niños en edad escolar, adolescentes y jóvenes, se aglomeran en espacios públicos sin respetar la distancia social ni usar mascarilla, o bien usan ésta como complemento de vestir, bien en el codo, en la muñeca, en la barbilla, en la nuca o en cualquier parte, menos en la adecuada y correcta. No sería justo generalizar, porque hay muchos jóvenes fantásticos y muy responsables, pero en otros, el egoísmo personal, en la errónea percepción de que la enfermedad, en el caso de contagiarse, siempre cursaría con benignidad, les ha llevado a disfrutar una vida social sin ningún cortapisa, poniendo en riesgo la salud colectiva de todos, pero fundamentalmente la de nuestros mayores, aquellos niños y jóvenes de la Guerra Civil y de la posguerra, que no tuvieron la suerte de poder disfrutar ni de infancia ni de juventud, ni de Educación, ni de Sanidad, ni de ninguno de los beneficios del Estado de Bienestar que ahora tenemos. Esos niños y jóvenes de los años 30, 40 y principios de los 50, tuvieron que trabajar muy duro, muchas veces, desde la infancia, para conseguir levantar este país y transformar una España misérrima en la que ahora conocemos, y para conseguir que los jóvenes de hoy en día puedan disfrutar de la vida, algo que ellos no pudieron hacer. Este el agradecimiento que algunos muestran a esa generación, que lo dio todo y que no tuvo nada.

Lamentablemente, la transgresión de las medidas de seguridad no se circunscribe a un grupo de edad. Muchos adultos, e incluso algunos ancianos, repiten, a menor escala, los comportamientos que vemos en algunos jóvenes, sólo explicable por desinformación, ignorancia y, en ocasiones, por una temeridad absurda.

Para colmo de males, la apertura de los colegios puede suponer un salto cuantitativo y cualitativo en los contagios, máxime cuando el tiempo de eliminación viral entre los afectados de 6 a 15 años de edad ronda los 32 días, por 14-18 de la población general. Obviamente la Educación es muy importante, pero un país donde la clase escolar de la designada como sucesora a la Jefatura del Estado, ya ha sido confinada por un positivo, difícilmente podemos creer que, en Melilla, con la peor ratio de alumnos por aula de España y el mayor porcentaje de niños en situación de exclusión social, la situación vaya a ser mejor. Para más inri, el profesorado melillense, cada uno de los cuales merece una estatua en nuestra ciudad, va a tener que añadir a todas las funciones que desarrolla, la de policía sanitaria, algo evidentemente fuera de lógica.

En el momento de redactar esta nota, tenemos una incidencia acumulada de 185 nuevos casos semanales/100.000 habitantes, tasa claramente superior a la media española y la UCI melillense presenta una ocupación del 57% de las camas previstas para COVID. Estas cifras implican que, desde ya, hay que aplicar todas las medidas que nos permita el Estado de Derecho, para evitar el desastre y que pasan, no por confinamientos globales, sino por la precisión quirúrgica de las medidas, entre las que deben de constar, al menos, las siguientes:

  1. Restricción de la actividad social fuera del ámbito o núcleo familiar.
  2. Considerar la transgresión de las normas de seguridad como un delito contra la Salud Pública.
  3. Aumentar la vigilancia activa de espacios públicos y evitar cualquier tipo de aglomeración.
  4. Tolerancia cero con los infractores.
  5. Sancionar de forma sistemática y ejemplarizante a las personas que no usen de forma adecuada la mascarilla o que se reúnan, sin guardar distancia social.
  6. Sancionar, también, de forma sistemática y ejemplarizante a aquellas empresas que incumplan las medidas de seguridad.
  7. Suspender inicialmente la presencialidad de colegios e institutos, apostando por la educación online. Esta presencialidad deberá instaurarse progresivamente sólo cuando el control de la enfermedad lo permita, fundamentalmente para evaluaciones y en cursos, bien que por ser clave, o porque la edad de los estudiantes lo permita, el beneficio/riesgo sea muy elevado. Establecer medidas eficaces de apoyo a las familias y de conciliación laboral y familiar a los padres.
  8. Confinamientos precisos y ajustados, de personas, grupos de personas, espacios laborales, barrios, etc, intentando siempre la mayor efectividad y el menor daño a la economía local.
  9. Sistematizar PCR en pasajeros de rutas aéreas o marítimas, intentando mantenerlas abiertas y evitar confinamientos radicales,como el que no hubo más remedio que hacer en Marzo de 2020.
  10. Sistematizar PCR periódicas a personal sanitario, pacientes ingresados en centros hospitalarios y sociosanitarios, y a todo tipo de personal que, por razón de su trabajo, tengan que tratar diariamente con grupos numerosos de personas o clientes.

Nosotros, los médicos y los trabajadores sanitarios en general, haremos lo posible y lo imposible por dar la mejor asistencia, pero está claro que las diferentes administraciones tienen que poner todos los medios sobre la mesa, para evitar que nuestro frágil sistema sanitario quede rápidamente superado. Como todos podemos observar, viendo las cifras oficiales, la situación en Melilla es mucho peor que la de marzo de este año, por tanto, no hay tiempo que perder, hay que actuar ya. El tiempo es oro, cada día de inacción se traducirá en un número imprevisible de contagios, enfermos e, incluso, de mue

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