“Período de consulta para la actualización del Código Internacional de Ética Médica»

Miguel Ángel García

Estudios Profesionales de CESM

Las aportaciones ayudan a dotar al código de mayor representatividad

Opinión de Miguel Ángel García.

Desde hace unas semanas se encuentra abierto el proceso de consulta de la Asociación Médica Mundial para la actualización del Código Internacional de Ética Médica, período que finaliza el próximo 28 de mayo. Durante este período, tanto las instituciones profesionales y l@s propios profesionales de a pie pueden remitir propuestas y alegaciones al borrador presentado por la asociación.

Puede ser que l@s profesionales veamos como muy lejano y etéreo este tipo de declaraciones y códigos, grandes formulaciones que, en lo concreto, poco tienen que ver con la práctica concreta de nuestra profesión. Pero nada más lejano a la verdad, pues se convierten en referentes internacionales de la profesión y determinan las expectativas que la sociedad carga sobre nuestras espaldas. Y en ese sentido, que códigos y declaraciones sean realistas es algo fundamental.

Por eso es bueno que l@s profesionales podamos participar en su redacción. Porque aportamos la practicidad y concreción que da la práctica diaria, y sobre todo porque contribuimos a compensar el sesgo de selección que supone estar en las comisiones redactoras de ese tipo de documentos. Sí, sesgos de selección que pueden ocurrir en cualquier entidad y que motivan que, a pesar de la mejor intención, las decisiones que se toman no acaben siendo verdaderamente representativas del conjunto de la profesión. Complementar, pues, el esfuerzo realizado por los expertos de la Asociación Médica Mundial, que desde luego hay que agradecer, con la opinión y valoración de diferentes profesionales no puede sino enriquecer no sólo el resultado final en cuanto a texto, sino también en cuanto a visión, del nuevo Código Internacional de Ética Médica. De ahí que la consulta pública no sólo sea sana, sino que es, además, profundamente democrática y enriquecedora. Y por eso me parece importante motivar a la participación en ella.

Confieso que ya he estado trabajando en ella, y que encuentro dos limitaciones intensamente relacionadas entre sí, ante las que he tratado de hacer ya mis aportaciones:

  • Por un lado, se trata de un documento (como en general lo son este tipo de documentos ético-deontológicos) con una visión excesivamente individualista del profesional, con lo que parece cargar sobre sus espaldas todo el peso de la responsabilidad ética asistencial. Creo que tenemos que comenzar a superar esta visión tan individualista, propia de la mentalidad liberal de occidente, y comenzar a abrirnos a la dimensión relacional del ser humano (y ya hay desarrollos de bioéticas relacionales en marcha), en que las responsabilidades y los riesgos son compartidos, y en los que el/la profesional no están sol@s, sino formando parte de una cultura profesional y social que debe estar a su lado para facilitarle la tarea.
  • Por otro, esa exigencia individualista lleva al mantenimiento de la figura del/de la profesional sanitari@, médic@ en concreto en nuestro caso, como si se tratara de un héroe al que todo se le puede exigir. Este aspecto quedó de manifiesto claramente en la reacción que originó hace un año la declaración de la Comisión Central de Deontología al respecto de la obligación de l@s profesionales a atender a los pacientes COVID aún sin disponer de los adecuados equipos de protección, sin entrar en matices y ajustes por niveles de riesgo de exposición (tan sólo entraron a apoyar la exención de l@s profesionales con mayor riesgo). Pero tiene muchas otras consecuencias, como por ejemplo la retroalimentación continua de las elevadas expectativas y exigencias que la sociedad vuelca a diario sobre l@s profesionales.

“No somos héroes” proclamaban l@s profesionales sanitari@s durante la primera ola COVID. No, somos humanos, y compartimos debilidades y vulnerabilidades con el resto de seres humanos. Y por ello necesitamos protección, como cualquier persona, ante los riesgos a que nos exponemos. Y así deberíamos tenerlo claro no sólo nosotros, sino también el conjunto de la sociedad, para poder acompañar realmente a una profesión, la médica, que, junto al resto de profesiones sanitarias, quiere seguir estando ahí para apoyar a los ciudadanos en algunos de los peores momentos de su vida.

Participemos, pues, en la consulta, para reforzar el lado humano de la Medicina: el de la cercanía al paciente, y el de la vulnerabilidad compartida que precisa del cuidado, el apoyo y la protección del conjunto de la sociedad.

Se pueden enviar las aportaciones a  icome@wma.net hasta el próximo 28 de mayo.

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