La conferencia inaugural del XV Congreso Confederal de CESM celebrado en Cáceres ha corrido a cargo del presidente de la Confederación, Miguel Lázaro, quien ha abordado el valor del médico y la fuerza de CESM, comenzando por recordar que la sanidad pública se construyó sobre 3 pilares: la confianza de los pacientes, el compromiso de los profesionales y el liderazgo clínico de los médicos. A su juicio, los dos primeros se han mantenido, mientras que el tercero se ha ido debilitando, y ninguna organización compleja funciona bien cuando quienes tienen la máxima responsabilidad clínica tienen una influencia decreciente en las decisiones.
Lázaro señalaba que uno de los problemas actuales de los médicos no es que hayan perdido valor, sino que han dejado que otros decidan por ellos y han abandonado su propia defensa, ya que la vocación no debería ser una exigencia implícita para sostener condiciones laborales que no son justas. «La vocación es el dopaje, pero cuando más vocacional es alguien, más vulnerable se vuelve al abuso. La vocación no elimina el cansancio, el miedo o la fragilidad, por lo que necesita protección institucional», mostraba en una de sus diapositivas.
Lázaro también advertía del riesgo de normalizar el agotamiento, del burnout galopante y de la necesidad de cuidar a quienes cuidan, porque cuando esa vocación deja de ser cuidada, el sistema sanitario empieza a perder su sistema inmunitario, y defender la dignidad del médico no es corporativismo, sino proteger el cuidado de toda la sociedad. Para él, el valor del médico se demuestra en los momentos de máxima vulnerabilidad y de más miedo colectivo, como ocurre en catástrofes, accidentes, emergencias colectivas o en la pandemia de COVID19, pero la singularidad está en la disponibilidad, responsabilidad y compromiso ético frente al sufrimiento, algo que pudo verse con los compañeros que literalmente dieron su vida durante la primera ola de la pandemia de 2020, como recordaba el presidente de CESM.
La importancia de CESM
Tras hablar del valor del médico, Miguel Lázaro pasaba a destacar qué hace fuerte a la Confederación, enumerando cuestiones como la confianza de los médicos que representa, la unidad de la profesión en torno a objetivos comunes, la independencia para defender los intereses de los facultativos, la cercanía a la realidad asistencial, el compromiso con una Medicina de calidad y unas condiciones laborales dignas. En definitiva, la fuerza de CESM nace de sus médicos y de sus delegados.
«Muchos derechos que hoy parecen normales existen porque otros médicos se organizaron. La fuerza de una organización no se mide por sus afiliados, sino por los derechos que protege. CESM no sólo defiende condiciones laborales, sino que defiende a la profesión médica, y defender al médico es defender al paciente. Su papel es devolverle la voz a la profesión, porque cuando el médico la pierde, pierde autonomía, reconocimiento, la capacidad de decisión y el liderazgo, y sin voz propia otros definen su futuro», exponía Lázaro.
El final de su ponencia se centró en cómo querría que se recordara a CESM dentro de 10 años, y enumeraba cuestiones como que defendió la dignidad profesional; mejoró las condiciones de trabajo de los médicos; dio voz a las nuevas generaciones; fortaleció la unidad y la influencia de la profesión o que impulsó cambios que dejaron una organización más fuerte y útil. En definitiva, «que los médicos puedan decir que recibimos una organización sólida y la entregamos más fuerte, más cercana y más preparada para defender su futuro, porque el mejor legado sindical es dejar más oportunidades y más fuerza colectiva a quienes vienen detrás», concluía.

